martes, 23 de septiembre de 2014

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Era domingo. El sol brillaba y la gente dejaba su rutina dominguera para poder hacer algo que requiera salir a la calle aquel día. Era un día normal, pero era 21 de Septiembre, día del comienzo de la primavera en el hemisferio sur y día del estudiante en mi país. 
No me apetecía hacer nada, sinceramente no se porque, pero un mensaje de una amiga me convenció para salir un rato a la plaza. Llegué temprano y las esperé sentada en un banco. Había madres que observaban jugar a sus hijos, adultos tomando mate y riendo,  adolescentes disfrutando de su día mientras caminaban y tomaban helado, chicos jugando en los juegos y uno de ellos pasó a mi lado en bicicleta y se calló de la misma, pero no dijo nada, se reincorporó y siguió andando. Me recordó lo bella que era la infancia, cuando el dolor físico solo se sentía en los moretones de los brazos y las rodillas raspadas, cuando dolor del alma no tenia lugar alguno. Todo era una atmósfera de felicidad aquel domingo bajo el sol y los arboles de una plaza de barrio. Todos tenían una sonrisa en el rostro, excepto yo. 
Había algo que me hacia sentir mal, espero que no haya sido la felicidad de los demás. Había algo profundo que me faltaba, alguien que estuviera a mi lado que esa tarde no estaba, no se que era ni quien era, pero todos los comienzos de primavera tengo la misma sensación, nunca estoy completa. Simplemente me parecía idiota que todo aparente ser feliz una sola vez al año, tal vez era eso lo que me hacia triste. Posiblemente, el hecho de que estemos mal todos los días del año y que pretendamos ser felices una vez cada 365 días era demasiado hipócrita. Ojala todos los días fueran 21 de Septiembre así, al menos, todos a nuestro alrededor estén felices y esa felicidad sea contagiada. Que lindo sería vivir en un mundo donde la sonrisa reinara.



"Sentí un odio profundo hacia la primavera. Odié todo lo que me había traído, odié el dolor sordo que sentía en mi interior. Era la primera vez en mi vida que odiaba algo con tanta intensidad [...] No tengo prisa, pero la primavera es una buena estación para empezar una nueva vida" Haruki Murakami, Norwegian wood